Este libro se editó y publicó en Lippstadt (Alemania) con tiraje de 300 ejemplares, con el apoyo de Marianne Recker y Christel Alexy, bajo el sello Ediciones Guolestrít en octubre del 2007. El libro consta de 27 cuentos agrupados en dos partes:
GRINGO BIEN PORTADO.
Gringo es bien parecido, ojiazul, peliamarillo, alto y flaco, espigado pero fibroso. Tiene buenos modales: — Hellou, boenos días ¿qué tener para desayuno hoy doña Nicoulasa? — Gringo aseado, nada saginudo, ni mechudo. No es gringo mochilero. Es sano, ni siquiera fuma: — ¡Ooohhh, woouu, gallou pintou! ¡quérico! —. Gringo no usa chinelas, ni parece turista, su calzado de cuero va bien lustrado. Bien rasuradito, camisa por dentro del pantalón. Nada de azulones, no señor, pantalón de lino blanco, faja negra de cuero, igual los zapatos. No es un chele vulgar, de esos apestosos que vienen a regalar caramelitos y a tomarse fotos con los chavalitos pobres y con eso se creen jesucristos, no, ¡nada de eso! Gringo es elegante, “mí ser uno hombre di negocios douñita” me dijo un día, esa mañana preguntó por un banco, yo creo que camina sus buenos billetes. — ¡Bonitou día siñora, mucho bueno para negocios…!— Le gusta siempre mi comida, siempre se come todo, lo único es que nunca bebe fresco, siempre me pide agua de botella, debe ser por lo fino, si bebe del grifo le agarra cagadera. Tampoco come carne de res, ni chancho, con costo pollo sin pellejo o pescado. La única vez que lo veo comer carne es cuando trae de Managua, algo así como un jamón colorado, le encanta con queso, un día me dio a probar, es picante el gusto, pero es sabroso, aunque en lo personal no lo cambio por un buen vigorón. —¡Usté ser muy buen cocinera, mmm, quérico, quérico! —. Gringo me ha salido bien portado, llega temprano, vive leyendo sus libros, tiene una Biblia en inglés, de hojas con bordes dorados… ¡una joya de libro!, no se lo despega de su cabecera. Aquí han posado otros cheles, pero ninguno como éste. Algunos son bien cochinos, imbañables diría yo, además no tienen ni un poquito de vergüenza, quieren andar por toda la casa en calzoncillos, les hieden las patas, caminan las uñas largas y negras de mugre, no se afeitan y andan las tapas pestíferas a pura cañería; sólo son fumar y dejar colillas por todos lados, como que no les enseñaron modales en su casa cuando eran niños, si no fuera por Gringo yo pensaría que esos tales países desarrollados son todos una sola jediondez — Hoy no venir a almorzar siñora, tener día mucho oucupado… —, Tranquilo doncito, no se preocupe… ¿quiere que le guarde almuerzo? Gringo es tan amable que a todo mundo le cae bien, simpático, parece como aquellos del cine, debe tener unas cuantas enamoradas, pero no le conozco ninguna., ¡hasta en eso es todo un caballero! bastante reservado en sus cosas, no como otros cheles que he cuidado, descaradamente se vienen a besuquear con sus mujeres aquí en la sala, son mujeres desvergonzadas también, se dejan manosear hasta en sus partes, algunos casi hacen sus cochinadas en mi propia cara, creen que porque miro televisión no me doy cuenta de sus relinchos. —– ¡Ooouu nooou, doña Nicoulasa, no preocuparse, mí comer afuera! —Está bien, está bien, cuídese ¿oyó? ¡Cuidado me le pasa algo por el camino! No sé por qué mi Abelardo lo detesta, dice que es hipócrita y farsante. Pero yo no le pongo mente porque la verdad es que mi hijo detesta a todos los extranjeros, más si son peliamarillos y ojiazules. Debe ser por lo que mi pobre chavalo salió negrito, flaquito y chaparro, patanguito mi muchacho, como su padre que en paz descanse. —¡Uuhummm, mi saber un cuidarme mucho bien!.
Abelardo siempre baja después que Gringo se va – mamita – me dice –usted sabe que yo no puedo comer junto a ese yanqui ¡se me revuelve la tripa! – Es juicioso mi muchacho, un buen albañil, nunca pudo terminar el bachillerato porque me lo mandaron a la guerra, estuvo enmontañado casi cuatro años, regresó flaco y peludo, con una cicatriz en el costado, casi me lo matan. Pero a él no le gusta hablar de esas cosas, lo único que repite es que por culpa de los yanquis nosotros estamos como estamos. —– Pero Abelaaaardo, vos debieras ser más amable con los cheles ¿no entendés? De ahí nos ayudamos para los gastos. —– ¡Aay mama, cómo se ve que usted no entiende! —. Casi todos los días es lo mismo con Abelardo, nunca va a cambiar, me tuerce la boca y se va. Menos mal que a veces tarda días en regresar, principalmente cuando le salen trabajitos de albañilería fuera de la ciudad; aunque cuando regresa y encuentra a Gringo en el corredor, Abelardo siempre lo mira y escupe… ¡delante de él!... pero vea, qué señor tan educado, siempre lo saluda, nunca una mala mirada ni un mal modo con mi muchacho, nunca un comentario ofensivo contra mi muchacho… ¡tiene un corazón noble el gringuito! Claro, hay gringos de gringos, tuve suerte de que este se viniera a hospedar aquí; puede pagar un hotel lujoso, en el porte se le mira, sin embargo él prefiere aquí, suerte la mía, ojalá todos fueran así, pero como mi posadita es humilde entonces debo aguantarme el montón de peludos pedorros, marihuaneros y mañosos los jodidos… ¡La virgen me perdone!..
Gringo hoy viene temprano a cenar, eso me dijo; cuando viene temprano cenamos juntos, es agradable sentarse a la mesa con alguien tan bien educado, da gusto compartir aunque sea gallo pinto con cuajada. —– Venga doncito, siéntese a este lado, ya le tengo su comidita lista ¿oyó? ¿Va a tomar café o trajo su agüita de botella? no se preocupe que el malcriado de mi hijo no está, ya lleva días trabajando fuera. ¿Y cómo le fue hoy? cuénteme, lo miro callado, no me diga que está enamorado…ah ya veo, trajo su propio jamón para la cena, si es del picante le acepto un pedacito, gracias, así está bien, ¡mmmm, se mira sabrosa esta carne, yo pensaba que era jamón pero es un tipo de carne seca rara, bastante sabrosa ¡ajummm!... ¿ y de qué animal es? pareciera como un pedazo de brazo...mmm ¿ y de qué se ríe? ¡Es bandidito usted doncito!…Una lástima que Abelardo sea tan orgulloso, estaría encantado probando esta carne, se me parece a una carne de mono que él trajo un día de la montaña, al comienzo me impresionó, me dio asco, recuerdo que le dije: ¡Ayy mijo, si no fuera porque estás frente a mi, yo diría que este pedazo de brazo es tuyo! “Mire mamá – me contestó mi muchacho – ¡aquí los únicos que nos quieren devorar vivos son los gringos!...”
…Pero no le ponga mente a mis recuerdos doncito, son chochadas de vieja, al fin y al cabo la guerra ya pasó ¡gracias a Dios!












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